Manuel de Jesús Pineda - Manifiesto 6
Hombre del evangelio vivo
Su cabeza no la adornan ni mitras ni bonetes, tampoco oficia con casullas o mantos púrpuras ni ostentando báculos ni sortijas ni aditamentos de eminencia. Sus gestos no son amanerados sino de hombre auténtico, de hombre de pueblo, verdadero representante del Dios de rostro curtido. Se llama Andrés, como el apóstol, y se apellida Tamayo, apelativo de resonancia indígena, o sea, perteneciente a esta tierra. Del otro lado del Sumpul dejó su ombligo, pero su corazón está aquí, cercano al Patuca, arropado por las brisas del Motagua, del Lempa y del Yare o Segovia, que cercan 112,492 km2 de dignidad. Los amos de la ignominia, en su desfachatez, han desatado una cacería contra este servidor del pueblo. Su pecado: estar del lado de los elegidos del Galileo, defender la vida verde de la selva que da vida a la vida humana, decir la verdad que lacera los tímpanos de los mercaderes del templo -que han convertido en cueva de ladrones-, señalar con su dedo justo la iniquidad hecha política, y marchar al lado de la razón. Han pretendido extinguir por decreto el amor de patria que este apóstol lleva en su pecho, erradicar para siempre su calor y color de pueblo, aniquilar la verdad que se escuda en su voz. Y a los gendarmes de la infamia, como comparsas, se unieron los prelados, pobres diablos farisaicos, quienes, dando rienda suelta a sus rencores solapados, han decidido exiliar de su parroquia al padre Tamayo; como si eso lo sacara del alma de su pueblo, como si el despojo desarraigara el cariño y la fidelidad en el hombre genuino, en el apóstol del evangelio vivo; como si la pertenencia a una patria la determinara un acta, y el apostolado, la concesión de un obispo, y no el auténtico amor enraizado en la tierra y en la fe.
16 -09- 2009
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Por lobogabriel - 19 de Septiembre, 2009, 8:08, Categoría: periodico
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